El 28 de septiembre me fui de viaje a Rusia, invitada por nuestro profesor de oratorio y director, Wolfgang Kläsener, junto a su Bach-Ensemble, a cantar La Pasión segun San Juan de Bach.
Llegamos a la ciudad Nishnij Nowgorod, donde se realizarían los conciertos en el marco de un festival de Bach.
La ciudad no me volvió loca ni me sentí muy en Rusia... Solo por el idioma y la manera de ser de los rusos, a la que hay que acostumbrarse...
Pero volviendo a la música, tuvimos muchos ensayos con el coro y la orquesta rusos que completaban nuestro ensemble y muchos momentos de compartir. Almorzábamos siempre juntos y a veces salíamos a comer con los que hablaban ruso, para que pudieran traducirnos el menú jeje.
También hicimos un tour con una segnora que hablaba alemán, por las partes más lindas de la ciudad. Nuestro hotel estaba bastante bien. Me tocó en una pieza con la contralto, mi amiga Verena y con ella y los otros dos alumnos de la Escuela de música que fueron de galletas para el coro, fue con los que más compartimos. Una de las cosas más entretes fue un recibimiento que nos hizo el Gobernador de la ciudad, donde tuvimos que ir elegantes y había cositas ricas pa comer y tomar jejejeje.
Miriam, Arian, Yo, Wolfgang Kläsener y Verena en el recibimiento donde el Gobernador.
Los conciertos estuvieron muy lindos. Uno fue en la ciudad de Dzerdzinsk (o como se escriba) y el otro en Nishnij Nowgorod. Ahi me turné con la solista rusa, una soprano de voy muy linda, que aprendió mucho de nuestro maestro, sobretodo la pronunciación. Los otros solistas venían también de Alemania, muy buenos, y el tenor que cantó las arias era, con todo respeto, un pirigüín ruso con una voz de pirigüín, que para mi gusto debería ser Contratenor (no por lo pirigüin jajajajaja).
Cosas para recordar:
Toooda la comida se servía con eneldo fresco. No me pregunten por qué.
Si decías que no querías tomar alcohol, te traían cerveza.
El flirteo con un trompetista de la edad de mi hermana chica.
No poder pedir más que un capuccino en un Café donde nos sentamos dos mujeres que no hablan ni una gota de ruso ni entienden los menús.
Las canciones típicasque cantaron las nignas del coro ruso en nuestra última noche. Como de cuento.
El número 117. Le cuento sólo al que me pregunte.
Negativo:
No me cabe en la cabeza que la gente del aeropuerto ruso ni se esfuerce en hablarte en inglés, a pesar de poder. Y lo malhumorados.
La gente empujona.



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